Historia de Biescas

Origen de Biescas

En la explanada de Santa Engracia, se hallaron las evidencias más antiguas de presencia humana en la población de Biescas, unas cistas dolménicas eneolíticas estudiadas en su día por Almagro, que podrían remontarse más allá del III milenio a.C. Desde hace décadas, los materiales hallados se encuentran en paradero desconocido, una de ellas fue reconstruida y puede verse cerca de uno de los accesos a la ermita de Santa Elena.

Sobre su nombre, decir que si bien existen documentos de los siglos IX y X en los que aparecen los nombres de Biescas y Biascasa, parece ser que habría que asignarlos más bien al homónimo ribagorzano de Biescas de Campo, también conocido como Biescas de Obarra. Por otro lado, nos cuenta Antonio Ubieto en su obra Los Pueblos y los Despoblados I, que es en el Cartulario de San Juan de la Peña donde Biescas es mencionada por primera vez en la historia, entre el año 1020 y el 1030. Es mencionada como Biescas Sobirón en 1391.

No hay evidencias del asentamiento romano, pero sí indicios de su paso, que van desde los restos del camino que se internaba por el Valle de Tena hasta advocaciones religiosas a la emperatriz Santa Elena, también conocida como Santa Engracia de Zaragoza según algunos topónimos de la zona.

Edad Media

Durante la Edad Media sus habitantes dejan la primitiva lengua pirenaica preindoeuropea para adoptar el nuevo romance aragonés. Biescas empieza a ser importante gracias a su situación geográfica, convirtiéndose en un lugar estratégico, con su castillo orientado hacia el sur para recibir al enemigo.

Biescas, un lugar estratégico

Pero en el siglo XVI las cosas cambiaron y el enemigo ya no venía del sur sino del norte, por lo que Felipe II mandó construir una Ciudadela en la vecina población de Jaca, además de fortalecer el paso por el estrecho de Santa Elena.

Entre los días 6 y 7 de febrero de 1592, Biescas y el Valle de Tena son invadidos por ochocientos bearneses. Al cabo de once días se puso fin a dicha ocupación en el todavía llamado Barranco des Luterians.

Biescas tuvo la suerte de no verse muy involucrada durante la Guerra de la Independencia, ya que los enfrentamientos tuvieron lugar en las zonas colindantes. Su implicación se limitaba a la relación existente con la plaza de Jaca y la guarnición su ciudadela. Cabe destacar la presencia del Felipe Perena Casayús, como jefe de los tercios voluntarios de Huesca, que por entonces ostentaba el grado de coronel y la de los guerrilleros Sarasa y Renovales.

La villa de Biescas no tuvo la misma fortuna durante la Guerra Civil Española (1936-1939), en la que fue tocada de lleno, padeciendo así la destrucción y éxodo de muchos de sus habitantes.

El boom turístico

Finalizada la guerra, Biescas fue tornando a la normalidad, la hidroelectricidad, los servicios, la agricultura, pero sobre todo la ganadería, fueron los pilares de una economía que hizo resurgir el pueblo y permitió la reconstrucción de sus edificios.

En la década de los 60 del siglo XX se anexionaron Barbenuta, Oliván, Escuer, Sobremonte y Gavín. Posteriormente (en los 70), tras la construcción del pantano de Búbal, lo haría Piedrafita de Jaca, configurando así el actual Término Municipal de Biescas.

Precisamente en la misma década, comenzó a crecer poco a poco lo que posteriormente se convertiría en la principal fuente de ingresos, no solo de Biescas, sino de toda la zona, el turismo. Este sector, que vio su boom treinta años después, cambió notablemente la fisionomía de la población con la construcción de nuevas viviendas.

Tragedia de Biescas

La mala ubicación del camping Las Nieves, situado sobre el cono de deyección del torrente de aguas, justo antes de su desembocadura en el río Gállego, hizo que el 7 de agosto de 1996, ochenta y siete personas perdieran la vida y otras 183 resultaran heridas.

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